Alejandra Huicochea (Foto: Cortesía)
Alejandra Huicochea (Foto: Cortesía)

Siempre fui una niña normal…

Ciudad de México 27AGO2017.- Cuando me preguntan ¿qué es lo normal para mí? no sé cómo explicarlo, si nos basamos en su definición se refiere a aquello que se encuentra en un estado al que se lo considera como natural, a lo que estamos acostumbrados, entonces cualquier cosa a lo que no estemos acostumbrados será anormal, pero ¿Quién decide eso?

Para muchas personas la heterosexualidad es normal, toda la vida nos han acostumbrado a eso porque según así lo marca la naturaleza: hombre y mujer. Por el contrario, la homosexualidad sería lo anormal, porque para la  gente amar a alguien de tu mismo sexo es algo que va en contra de la naturaleza. Yo, no creo que sea así…

La heterosexualidad es simplemente una orientación, como lo es la homosexualidad o el lesbianismo, y ninguna de las 3 orientaciones son normales o anormales, simplemente son lo que son y punto.

Desde pequeños la sociedad nos ha marcado ciertas normas que debemos seguir, normas de vestimenta, de convivencia, de cualquier cosa; por ejemplo nos enseñan que a los niños les deben gustar las niñas y viceversa, pero en ocasiones por más que queramos seguir las reglas, las cosas no siempre funcionan como “deben ser”. Ahora que lo pienso, creo que siempre he ido en contra de lo que se establece como “normal”.

En mi niñez prefería usar pantalones y tenis que vestido y zapatitos (hasta la fecha lo sigo prefiriendo), solía jugar más con carritos y futbol que a las muñecas y a la casita, en lugar de Barbies tenía Max Steel. Afortunadamente mis padres nunca pensaron que “ser medio niño” siendo niña fuera extraño, me dejaban ser libremente como quisiera.

En cuanto a mi orientación sexual, la primera vez que besé a una niña tenía 6 años y en ese momento no pensaba si eso era normal o no, simplemente era un beso, pero supongo que el hecho de que la sociedad califique eso como algo anormal me hizo callarlo, no sabía si estaba bien o mal el que me gustaran las niñas pero tampoco podía expresarlo porque ni siquiera entendía bien lo que era porque también me gustaban los niños, lo cual era más confuso porque al gustarme los niños y las niñas no sabía cuál era lo normal, a esa edad no tienes muy claro que es la heterosexualidad ni mucho menos la homosexualidad, son conceptos que en ese entonces (y tal vez tampoco ahora) no se les enseñaba a los niños.

Cuando crecí y pude entender y aprender más cosas de lo que se me enseñaba en casa y en la escuela, conocí lo relacionado a la comunidad LGBT pero no fue sino hasta los 17 años que me adentre más en el mundo gay cuando una niña me invitó a salir. Ya estaba consciente de que me gustaban las niñas pero no sabía hasta qué punto, no me detenía a pensarlo porque no había pasado nunca nada hasta ese momento en que me vi envuelta en una gran confusión porque de nuevo me cuestioné si era “normal” que saliera con una chica cuando toda mis relaciones sentimentales habían sido con chicos.

Fue entonces cuando descubrí el concepto de la bisexualidad, algo que para la gente es lo más anormal del mundo, porque estás en medio de la “confusión total”, no sabes lo que quieres, estás indecisa(o), estás enferma(o), eres infiel e incluso eres promiscua(o), la gente no entiende que se puede estar en ambas preferencias y quieren obligarte a decidir por uno u otro, cuando en realidad el gusto por lo masculino y lo femenino se manifiesta sin ningún problema.

Después de un una profunda introspección concluí con certeza que sí, so, soy bisexual, que puedo disfrutar y compartir mis preferencias con cualquier persona independientemente de su sexo o género, y no por eso soy anormal sino simplemente soy lo que soy.

He ido aprendiendo que lo que haga con mi vida, la forma en que decida vivirla y con quien compartirla no depende de nadie más que de mi misma, y que la sociedad no tiene derecho a decirme si está bien o está mal, solo yo.

Nadie debería juzgar a las personas ni catalogarlas como normal o anormal solo por su orientación sexual, su ideología de género o su forma de vida, todos tenemos el derecho de ser libres, de vivir libres y sobre todo de amar libremente.

La homosexualidad es tan normal como la heterosexualidad, la bisexualidad también lo es. Así que si tú como yo no sigues las reglas que marca la sociedad en relación a tu orientación, tranquila(o), en el fondo todo lo que para otros es anormal para otros será normal.

Por Alejandra Huicochea, diseñadora gráfica y defensora de los derechos LGBT

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