Alejandro Maza (Foto: Cortesía)
Alejandro Maza (Foto: Cortesía)

Salir del clóset, el paso más grande hacia la libertad

Nuevo León 22AGO2017.- Hola queridos lectores gracias por estar conmigo en otra columna más de experiencias donde comparto mis aprendizajes, consejos y experiencias que suceden en mi día a día.

Muchos de ustedes jóvenes lectores me han escrito para preguntarme cómo fue mi salida del clóset y cómo era mi vida antes de Pepe y Ale.

Mi vida era increíble, fui hijo único por muchos años, para ser exacto por 17 años antes de llegar mi hermanita Andrea. Estuve siempre en colegio religioso – de Legionarios – y honestamente para mí era una tortura estar en un salón de clases con puros niños, éramos ocho incluyéndome oscilando de 6 a 10 compañeros durante la primaria, secundaria y prepa.

Obviamente yo trataba de no hablar ya que entre menos diera a conocer de mi menos iban a sospechar sobre mi “secreto”, un secreto que bien cuando no se comparte, puede llegar a ser una gran carga, una carga muy difícil.

En el entorno religioso en el que estaba en la escuela, pues era muy difícil poder ser uno mismo sobre todo cuando todo lo que estaba alrededor me decía que había algo mal conmigo, como cualquier niño o niña tuve mi crush en el kínder, después en la secu y finalmente en la prepa que usualmente era mi mejor amigo. Un mejor amigo que en la prepa por quedar bien o por hacerse el chistoso les dijo a todos los compañeros que una vez que fuimos al cine yo lo trate de besar, cosa que absolutamente no era cierto, sobre todo por el miedo al rechazo que vives constantemente cuando estás en el clóset, dicha experiencia me marcó ya que recibí mucho bullying por ser homosexual pero sobre todo por “haber” querido besar a mi “amigo”, primer acto de crueldad humana, ya que yo era un buen amigo incondicional.

Después de eso deseaba todos los días al salir del colegio y antes de dormir, que mi vida pasara rápido y despertar de la noche a la mañana y ser un adulto.

Finalmente me gradué de la prepa. No demostré ser el más popular por ser gay, pero sí el más aplicado de la generación, llevándome todos los premios otorgados por excelencia. Un logro que disfrute muchísimo.

Finalmente mi camino se emprendería hacia la universidad, etapa que iba a cambiar mi vida para siempre, dándome la seguridad y demostrándome que podía ser una persona digna de tener amigos, ser querido y tener una vida social como cualquier otro muchacho.

Una vez en la universidad, me hice de tantos amigos, tomé muchísimo por primera vez, lo recuerdo perfecto… Long Island Iced Teas con mi BFF (mejor amiga) Karlita. Tomé tanto que me caí más de una ocasión; tuve mi primer beso, salí a lugares increíbles y extremos con mis amigas, viajamos, salí del clóset y eventualmente tuve mi primera vez en mi último semestre de carrera, a mis 22 años.

El salir de clóset con mi mamá fue completamente provocado, ya que un día al no poder más con el “secreto” se lo conté a una tía a la que yo consideraba las más cercana y que estaba seguro que me iba a dar las palabras que yo necesitaba en ese momento pero sobre todo comprensión.

Dado a que yo tengo un tío gay con pareja de muchos años (ahora su esposo) y del cual mi mamá y mi tía eran sus incondicionales, pensé que no tendrían tanto tema con el que yo fuera gay.

Al contarle, mi tía no lo tomó como yo esperaba tanto así que esa noche que llegué a casa, mi madre me estaba esperando con la cara hasta el suelo. Me dijo “Tu Tía me comentó que tienes algo muy grave que contarme, ¿estás en drogas? ¿embarazaste a alguien? Dímelo”.

Tras compartir mi verdad, los dos lloramos mucho y realmente fue una gran sorpresa ya que uno como hijo piensa siempre que los papás sospechan o que seguro saben sobre nuestra orientación, sin embargo siempre es una sorpresa y más cuando se trata de los hijos propios.

Sus principales preocupaciones eran que si me había “hecho” gay por estar en el internet, que nunca me podría casar, ni tener hijos y estaría solo.

Terminando la universidad, conocí a quien sería eventualmente mi futuro marido y con quien inmediatamente al verlo supe que era el padre de mis futuros hijos, sí en plural pero no solo eso, sino que era el amor de mi vida (sí fue amor a primera vista, al menos de mi lado).

Al pasar los años he probado lo contrario, sobre lo que mucha gente cree y que mi mamá temía en su momento cuando salí del clóset, sobre el “destino fatídico” de soledad eterna que me deparaba por ser gay.

Hoy me encuentro felizmente casado, con hija y definitivamente no estoy solo.

Esto es lo que yo quería, más no significa que todo mundo lo quiera, hay personas que llevan relaciones padrísimas sin hijos y tampoco los desean así como tampoco desean casarse y es una decisión muy personal. Solidificar nuestro compromiso, ser una pareja súper estable, tener nuestra hija y después casarnos no fue fácil, sin embargo cuando hay amor todo es posible.

Como siempre he dicho el amor y las relaciones son como una plantita que necesita regarse todos los días para florecer.

Hasta la próxima mis queridos lectores y recuerden por más terrible que se vea una situación siempre hay algo positivo o un aprendizaje y sí, sí es posible tenerlo todo, pero el reto más grande está en mantenerlo. Muchos besitos.

No olvides seguirme en mis redes sociales #mifamiliacomolatuya

Por Alejandro Maza, hombre gay, esposo y padre de familia.

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