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No soy feminista pero…

Por @SoyCriSzis

CDMX 17AGO2019.- Por algún tiempo yo era de esos que cuando veían una protesta feminista en la televisión decía: “¡Pinches viejas!”, “La violencia no se resuelve con más violencia”, “¡Con mi Ángel de la Independencia no te vas a meter, feminazi de porquería!”, y un largo etcétera.

Los mexicanos vamos de un absurdo a otro, nos importan más unos bloques de mármol apilados por un dictador, y nos importan menos las muertes que se apilan por miles en expedientes o carpetitas de investigación.

La tarde de ayer a través de redes sociales me percaté de la “indignación” sin precedentes que causó una marcha convocada por feministas en la Ciudad de México. Todo se salió de control cuando un evidente infiltrado golpeó a Juan Manuel Jiménez, reportero de ADN 40.

Primero debo decir que he trabajado en medios de comunicación y sinceramente no entiendo porqué ADN 40 mandó a un hombre a cubrir el suceso, teniendo a Mónica Garza, excelente periodista y que últimamente disfruta de aparecerse en cuanto evento “con causa” puede, eso sí, solo en los que dan vino tinto y canapés.

En fin, eso derivó en que la atención se desviara, como siempre los medios de comunicación aliados al poder produciendo sus telenovelas gráficas…

Entonces me percaté de que yo mismo había caído en la telaraña del sistema. Y entendí porque como muchos, yo también antes desacredité a las feministas y sus manifestaciones. Es porque me han convencido que ellas son el enemigo, de esta manera el estado provoca peleas distractoras entre nosotros para que ellos no tengan que resolver la situación de violencia, muerte, pobreza y precariedad, en la que vivimos todas y todos.

Me acordé que fue un hombre dueño de uno de los medios digitales de más influencia en México, el que me puso en contra de una de mis compañeras de trabajo. En ese momento yo no me di cuenta y obvio la culpé de todos mis males, renuncié y emití los peores deseos en su contra.

Ahora me doy cuenta que fue este poderoso hombre quien como todos sus pares poderosos, dueños del país, nos ponen en contra. Ese señor me hizo creer que una mujer había sido la culpable de que yo me sintiera “incómodo” en mi lugar de trabajo. A ella le hizo creer que yo la hacía sentir “incómoda” también. En realidad al único que incomodábamos era a él.

Tanto mi compañera, feminista en pie de lucha, como yo, gay en pie de lucha, somos incómodos para cualquier patriarca que quiere conservar el control sobre su familia, empresa o todo un país.

El patriarca nos necesita pero no puede permitir que empaticemos entre nosotros. Es decir, si mi compañera y yo hubiéramos tenido la oportunidad de hacernos amigos y compartir causas, su negocio se le hubiera venido abajo porque nos habríamos dado cuenta que le servía a lo más corrupto de la cúpula política en México.

En fin amigas y amigos, así pasa en todos los ámbitos de la vida. Cuando ustedes se indignaron por las pintas en el metrobus, metro, las calles o el Ángel de la Independencia, sólo están respondiendo como el patriarcado quiere que respondan.

Ya hasta se les olvidó que la protesta fue por casos de abuso sexual perpetrados por policías.

Las manifestaciones nunca se han hecho para “agradar”, se hacen precisamente para molestar e incomodar a los que están arriba, viendo sin hacer nada. Para molestar a esos y esas a quienes les otorgamos el poder de administrar nuestros impuestos para garantizarnos un entorno seguro y feliz.

Usted amigo, usted amiga, no tiene que indignarse por las manifestaciones, usted también es civil, es mortal pues.

El Metro, el Metrobus, las calles, los monumentos, se arreglan y listo. Porque pagamos nuestros impuestos y hay partidas presupuestarias para estas y otras reparaciones más. Mejor que ese dinerito se utilice en lo que debe ser y no vaya a caer a los bolsillos de uno de esos ‘funcionaruchos’ que se conforman con las migajas.

Lo que nos debe indignar son las miles de muertas, los miles de muertos, la pobreza, las terribles condiciones laborales a las que somos sujetos. Porque esos muertos y muertas nos duelen, porque son nuestros hermanos, hermanas, amigas, amigos, o simplemente porque un día nosotros podríamos estar contados entre las víctimas.

Usted “indignado”, usted “indignada”, piense antes de condenar a quienes se atreven a salir a las calles a “molestar”. Yo por mi parte no soy feminista pero… que bueno que le estén dando en su padre al patriarcado.

P.D. Ojalá los gays tuviéramos los huevos (disculpen el lenguaje, es que sólo así entienden) de salir a las calles sin marcas, sin empresas que lo único que quieren es vendernos porquerías. Ojalá fuéramos tan chingonas como las feministas que vi ayer. Porque si tenemos que destruir todo el mundo para renacer como una sociedad post violencia de género, la destrucción vale la pena.

P.D. 2 Evidentemente las feministas no necesitan mi validación ni la de nadie, el único objetivo de este texto es compartir mis recuerdos y reflexiones, detonadas a partir de los hechos del día de ayer 16 de agosto de 2019.

Por Cristian Galarza López, activista gay. Derechos reservados. 

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