lo último
Moonlight
Moonlight

Moonlight: Es nuestra historia

Más allá de las controversias que rodearon su premiación como mejor película del año 2016 en la pasada entrega del Oscar, Moonlight, la segunda cinta de Barry Jenkins — que ya había causado una muy buena impresión en público y crítica con Medicine for Melancholy en 2008 — es una de las cintas más significativas en el canon cinematográfico de la presente década.

En caso de que aún no sepan de qué trata Moonlight, y por lo tanto, no la hayan visto aún, les haré un breve resumen del trabajo de dirección de Jenkins, que permite una mirada a tres tiempos a la vida de Chiron (también conocido como “Little” o “Black” en otros momentos de su vida), un joven oriundo de Miami; primero a los nueve años, después a los diecisiete y por último, cuando dejó atrás los treinta: una monografía sobre el crecimiento emocional de una persona; de niño víctima del bullying a adolescente empujado hacia el caos, a adulto endurecido por las circunstancias sociopolíticas que le ha tocado vivir.

De este modo el espectador es testigo de cómo el personaje se va transformando y de la influencia de cuatro personajes que conforman su entorno: Paula, su madre — una espectacular Naomie Harris —una enfermera de turno nocturno, agotada por su trabajo, que se ha vuelto adicta al crack; Juan (Mahersala Ali), el dealer del vecindario, que pese a dedicarse a este nefasto oficio, resulta ser la figura paterna afectuosa, noble y segura, que junto con su novia, Teresa (una absolutamente hermosa Janelle Monáe) le dan a este niño la estabilidad familiar que tan desesperadamente necesita. Estos tres adultos y Kevin, un compañero de juegos de su infancia, marcarán su vida en distintos episodios, modelando los aspectos que lo convertirán en un hombre en el futuro.

La búsqueda de la identidad sexual, al contrario de lo que muchos críticos han escrito, no me parece que sea el tema principal de la cinta: de hecho, esto es una de las muchas cosas que Chiron va encontrando en estos episodios de su vida; en realidad el tema principal de Moonlight es el proceso de transformación, sus orígenes, sus síntomas, sus consecuencias, y cómo — aún si se pasa por situaciones violentas o traumáticas — una persona, del estrato que sea, teniendo una base afectiva, por endeble que sea, puede sobrevivir a la adversidad y mantener esos valores aún bajo una coraza.

Jenkins es un director sensible, obsesionado con la belleza en la composición de cada una de sus tomas, de sus encuadres, de sus escenas. Moonlight es casi poética en su manera de plasmarse. Su paleta de colores es algo que deja boquiabierto a cualquier espectador. Sí, no tiene la cadencia y la música encantadoras de La La Land (que por no ganar “mejor película” no es una obra inferior a ésta, ojo), pero tiene un espíritu indomable, una mirada cálida sobre escenas que filtradas de otro modo, serían insoportables. Barry Jenkins, que no debería negar la deuda que tiene con Wong-Kar Wai en el aspecto visual, le da a su película un corazón palpitante e inquieto, y al narrarla con esta naturalidad, hace que esta historia sea nuestra historia, la de cualquiera que haya amado y sufrido, que haya descubierto que su camino no termina ante una pared, sino que hay muchas maneras de crecer en otras direcciones.

La relación homosexual entre Chiron y Kevin, que se conocen desde la niñez y que sienten una atracción mutua en la adolescencia — misma que culmina en una escena tan erótica como lírica, en la arena de la playa, cuando ambos se buscan con las manos — se muestra de un modo natural, desprovista de artificios, mas no así exenta de la ansiedad que envuelve a cualquiera al dar los primeros pasos en un terreno desconocido.

El reencuentro entre un Chiron endurecido por los años y las circunstancias, y un Kevin jovial y libre, presenta un contraste que hace eco de su propia juventud: Kevin es quien lo guía y Chiron se permite mostrarse vulnerable ante él.

No sabemos qué sucederá con ellos — Moonlight es un filme que se regocija en sus muy útiles ambigüedades narrativas — y no es necesario tener una respuesta definitiva. Tenemos la belleza del momento, y eso es lo que debería bastarnos para admirar esta película como un hermoso trabajo fílmico, que apela a las emociones, utiliza los estereotipos y explora los matices de una realidad fea, sórdida, donde encuentra, a manera de un tesoro, un poso de belleza incalculable.

Por Miguel Cane, dramaturgo y crítico de cine cane

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

x

Check Also

Call Me By Your Name (Imagen: Especial)

Golden Globes llama a los gays

Estados Unidos 11DIC2017.- Últimamente ya nadie se sorprende con una cinta que cuente la historia ...

María José Flores Serrano, de sombrero blanco (Foto: Megalópolis)

Preparan candidatos LGBT en Puebla

Puebla 11DIC2017.- El PRD ya prepara candidatos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans) para contender en las ...