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Oliver, hombre trans
Oliver, hombre trans

Mexicanos le temen a la diversidad

Recién se retoma con fuerza el debate en torno a legalizar el matrimonio gay y a reconocer la identidad de género en todo México, entonces algunos miedos han salido a flote ¿a qué le tememos?

El doctor Héctor Salinas, Coordinador del Programa de Disidencia Sexual en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), explicó que los mexicanos le temen a aceptar la diversidad pues sienten que se quedarán sin el dominio sobre los “no normales”, las minorías sexuales.

Cuando un grupo de personas, en este caso las LGBTTTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Transexuales, Travestís e Intersexuales) rompen los esquemas impuestos por el estado, la iglesia y la sociedad, es cuando se les menosprecia y ataca.

Así surgen la homofobia y la transfobia como “tecnologías del poder”, denominó el académico, una forma de control social eficiente.

“Arturo Díaz Betancurt, siempre decía que la homofobia es el perro guardián de la masculinidad”, citó al defensor de los derechos humanos.

Pero aunque los homosexuales y trans sí retan los patrones establecidos, no son responsables de la respuesta violenta por parte de aquellos que conocemos como homofóbicos, homofóbicas, transfóbicos y transfóbicas.

“La violencia es un mecanismo de respuesta cuando no se tienen argumentos”, puntualizó Salinas.

Es a través de los insultos, chistes, acoso, golpes y hasta la muerte, como funciona el mecanismo de terror de los anti diversidad.

Una vida fuera del estereotipo

Oliver Alexander Rubio, hombre trans de 22 años de edad, contó a Japii MX que abandonó sus estudios en la universidad porque se sentía mal cuando lo identificaban como mujer (sexo que le fue asignado al nacer).

Tampoco le gustaban las burlas de sus compañeros y compañeras, quienes incluso lo llegaron a agredir. Él no tenía miedo, se defendió pero no se sentía cómodo en un ambiente tan violento.

Con lágrimas en los ojos, nos contó que trataba de ser fuerte cuando las chicas le decían que era “marimacha”, o los chicos que era “lesbiana”.

“… un grupo de amigas que se retaban para molestarme, agredirme, golpearme, o simplemente divertirse conmigo, con alguien que consideraban más débil. Sentían placer al verme enojado”, relató.

En el caso de sus compañeros varones, no dejaban de molestarlo, Oliver se cansó y aunque odia ser violento lo obligaron a responder.

“…me los ejecuté a los cinco porque ya era tanto el coraje, la ira.. a uno de ellos lo empujé contra la pared, a otro le aventé un pupitre y a otro lo metí al bote de basura”, recordó.

Aunque las autoridades escolares actuaron protegiéndolo y suspendiendo a sus agresores, la vida se volvió insufrible.

Oliver estaba estudiando Derecho precisamente porque quería aprender cómo defenderse de la injusticia. Actualmente trabaja con su padre en un negocio de decoración y piensa retomar sus estudios pero en algo más enfocado al arte, lo que en verdad ama.

Sin embargo aseguró que utilizará los conocimientos legales que obtuvo para ayudar a otros jóvenes LGBTTTI e integrarse a la defensa de los derechos humanos.

También quiere enamorarse, pero eso es otro conflicto a resolver. Oliver se identifica como hombre y se siente atraído por mujeres heterosexuales, el detalle es que muchas de las mujeres no lo ven como un hombre o por lo general atrae a lesbianas, lamentó.

“… les atraigo porque físicamente soy una mujer entonces esas personas son lesbianas y es cuando entró en conflicto”, abundó.

Entonces ¿Cuál es la mejor manera de enfrentar la homofobia y transfobia?

Según Héctor Salinas existen 3 pasos básicos para que gays, lesbianas y trans, luchen contra la homofobia, lesbofobia y transfobia.

Primero salir del clóset: no podemos defendernos ocultandonos ni contribuir a un cambio social si no somos capaces de hablar abiertamente de quiénes somos.

Segundo construir una red de apoyo: integrarnos en una red social que nos permita responder positivamente cuando enfrentemos un ataque o episodio homofóbico. Podemos empezar por amigos, buscar grupos de apoyo en la escuela o el trabajo, o alguna agrupación de personas que defiendan los derechos humanos o luchen contra el bullying.

También sirve conocer todos los mecanismos legales que existen para defendernos.

“Hay un montón de chavitos que empiezan a ejercer su sexualidad de una manera abierta pero no tienen ni idea de cómo afrontar una situación de este tipo, o de plano prefieren huir”, lamentó el investigador de la UACM.

Por su parte, Oliver nos dijo que ahora sabe que puede acudir al Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) o la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).

Tercero reaccionar: dependiendo del tipo de acción homofóbica o transfóbica debe ser la reacción; más que meter a la cárcel a los millones de homofóbicos y homofóbicas de este país, lo mejor será intentar educarlos.

Por Cristian Galarza

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